Alejandra a ti te nombro.... ¿Madre?

9 de marzo de 1992, 7:00 am aprox, Alejandra de 12 años se está cepillando el cabello frente al espejo preparándose para ir a la escuela de repente una voz en su cabeza le susurra “llego el momento”. Respira profundamente, deja el cepillo sobre el tocador y espera unos segundos para después escuchar el grito de su abuela paterna: ¿POR QUE DIOS MIO?!!!...... Alejandra sale de su cuarto ya con el temor de escuchar lo que su voz interior ya le había dicho, entra a la habitación de su hermano menor y ve a su padre rodeado de sus hermanos y le confirma diciendo: “Tu mamá ha muerto”.

 

 

Recuerdo, que me uní a ellos abrazando a mi papá mientras mi hermana Marcela le pregunta: ¿Papá y ahora que vamos a hacer?, él contesta con un corto y quebrado: No sé!.

 

Y así fue para mí también, no sabía que era de mí, la muerte de mamá no nos unió más como familia, cada uno de nuestros integrantes nos refugiamos fuera de casa, con amigos, trabajo, encerrados cada quien en su cuarto. Un padre amoroso pero ausente, mis hermanos tratando de sobrellevar su propia vida. Definitivamente la partida de ella marcó mi vida con un antes y un después.

 

A mis 16 años me enamoré, mi primer amor! Un amor de adolescente, mi refugio, ya no me sentía sola. Pasa un año y le pido de favor o de la manera más atenta que si me da un hijo, ajá leyeron bien, un hijo! 

 

 

¿Por qué querría alguien de 17 años un hijo? Había ese vacío en mí, que nada ni nadie podía llenar. Recuerdo muy bien la plática de “convencimiento” diciéndole que ya no me quería sentir sola, que quería ser lo más importante para alguien, que esa persona no me dejara de amar por sobre todas las cosas. Su respuesta fue “si tienes un hijo vas a ser la misma persona que se siente sola pero ahora con un hijo”.

 

 

No me importó, supliqué, lloré, rezaba, volvía a pedirle a la vida un hijo, lo deseaba con todo el corazón, en mi mente yo ya estaba lista, ya era “una mujer madura” (ternurita). Pues la vida me lo concedió, great news i’m pregnant!! Uuuuuuuhhhh!!! Yes yes yes!! Me puse a saltar de gusto cuando me dieron el sobre en el laboratorio al que fui a escondidas y esa misma noche con una sonrisota en la cara y no pudiendo ocultar mi emoción se lo decimos a mi papá y se oye el disco rayado parando en seco mi emoción con su pregunta y cara encajada ¿y qué piensan hacer? Contesto “pues tenerlo”!! :D

 

Esa noche escucho llorar a mi padre solo en su habitación, desee entrar para animarlo y decirle que yo estaba bien, que si pensaba que había fallado como padre que no se preocupara, que yo estaba feliz, que había sido una decisión mía. Jamás me paso por la mente pedirle perdón por que no estaba arrepentida, ni ante su dolor ni el qué dirán que se dejarían venir después.

 

Tuve el embarazo más feliz del mundo, me ponía a imaginar cómo sería cargarlo con monos de peluche, almohadas en mi panza frente al espejo con la canción de Alejandra Guzmán “yo te esperaba” de fondo (¿se acuerdan en mi primer escrito que les comente que me gustaba jugar a la artista? Eso no había terminado) . 

 

 

29 de septiembre de 1997 cesárea programada a los 7 meses por preclamsia ingreso al hospital con la ilusión más grande de conocer a mi bebé. Carlos Alejandro lo llamamos. “Él bebé más visitado en la historia del hospital” comentó el doctor al ver la sala y los cuneros abarrotados por su llegada. 

 

 

A los pocos años después con un divorcio, soltera y con un hijo, las cosas no estaban resultando como en mi burbuja lo había imaginado. La edad me empezó a dar la visión de las cosas que imposible una niña de 17 años podía tener. Me invadí de amargura porque quería vivir cosas que siendo madre ya no podía, amando a mi hijo pero al mismo tiempo renegando contra mis padres por haberme puesto en esa situación, a mi madre por morir, a mi padre por su ausencia, culpando a la vida porque no me dio otra oportunidad de “hacer las cosas bien”. Tener que trabajar en lugar de estudiar, me estaba quedando atrás que los demás.

 

 

Se me había olvidado que mi hijo vino al mundo porque yo lo pedí, se me olvidó que él quería amor en lugar de regaños sin motivo, que él quería tiempo en lugar de ausencias prolongadas, se me olvidó que a él le gusta la música en lugar de oír gritos, se me olvidó que él no era responsable de nada y le estaba arrebatando su niñez exigiéndole una madurez que él me tenía que entender a mí por lo que yo estaba pasando. Fui una tonta.

 

 

Hace pocos años atrás le conté su historia, de porque había nacido y la razón de por que Dios me dio la fortuna de ser su madre, no estoy segura si ya me lo cree jaja, ni él puede creer que alguien desee algo así a esa edad. “¿No soy producto de un six de cerveza y un condón roto?” me preguntó…. No hijo, eres producto de un vacío de una niña estúpida que quería jugar a ser madre, que te recibí con todo mi amor pero no estaba lista. Perdóname por hacerte parte de mi soledad.

 

 

Bienvenida Alejandra al mundo en que los padres le crean traumas a sus hijos y ¿fue a propósito? NO, ¿te dabas cuenta de lo que estabas haciendo? NO ¿amas a tu hijo? SI ¿hubieras querido otra vida sin él? NO…. “entonces deja de culparte, perdónate, deja de culpar a tus padres, hazte responsable de tus actos, vive, estudia, sé mejor persona, agradece, da más amor, todo eso trasmítelo a tus hijos y sigue adelante”.

 

 

Para mí fue sanar el poder compartirlo con él y decirle que no me cansare de pedirle perdón las veces que el necesite escucharlo de mi boca si hay algo que tiene que sanar, que mi amor por él no tiene final, que se tiene que seguir adelante para que no le pase como a mí, me atrapé en mis traumas de la infancia y no los solté y estaban cayendo sobre él.

 

 

Perdoné a la vida por haberme arrebatado a mi madre, perdone a mi padre por sus ausencias, me perdoné a mí por haberme escudado en víctima.

 

 

Cuando entendí que la vida no me debe nada, cuando entendí que yo soy la que le debo a la vida por haberme dado tanto, cuando aprendí a agradecer en lugar de exigir, cuando acepte que tendré errores pero aun así me amo, cuando vi a mis tres hijos y a mi esposo que me aman. Cepillándome el cabello frente al espejo una voz en mi cabeza susurró “estas lista para ser madre”.

 

 

Gracias por leer ♥

 

 

Hana Corral.