ME QUEDO O ME SALGO, YO DECIDO...

Estoy pasando por una travesía de emociones en este momento de mi vida, porque cuando una decide cualquier tipo de cambio, pasamos por la transición de lo que fue, el ajuste y el propósito.

 

 

Añoro la comodidad de lo que ya estaba acostumbrada a vivir, nervios en convencerme de que si soy capaz de darme ese plus y la incertidumbre en que si lo voy a lograr. Cada vez me convenzo más de que si puedo, pero el proceso me doy cuenta que es donde está la magia de descubrirnos.

 

 

Hace unos días mi comadre del alma me manda un mensaje y me pregunta que si estoy deprimida porque no me he comunicado mucho con mis amigas, inmediatamente le conteste que no, para nada, de hecho me quede pensando que me sentía muy bien, pero lo que si era cierto es que estoy un poco alejada en buscar a mis amigas y no es por falta de amor o interés, es porque estoy ocupada en pasar tiempo conmigo. Tengo una familia de tres hijos y un esposo que demandan toda mi atención pero que también soy afortunada en tener toda su comprensión en cuanto a mis decisiones, y así llevo ya tiempo con la decisión de intentar estar lo más entregada a mí y trabajando en mi crecimiento emocional. Mi hijo mayor sabrá más de mis estados de ánimo tan variables y mi esposo solo me observa y me deja hacerme responsable si fallo o no cada día que lo intento. Con un carácter voluble desde niña hasta hace unos meses me comprometí a no darle rienda suelta a ese carácter que me define, pienso que nos debemos aferrar a nuestra esencia, pero también creo que nuestros puntos más débiles son los que tenemos que enfrentar. Me jacté por mucho tiempo al decir “que así soy y el que me quiera me acepte como soy” y hoy me doy cuenta que si la gente así me ha querido porque no corresponderles con un cambio de amor, pero lo más importante, ¿Por qué no corresponderme a mí con ese cambio de amor? Tengo años intentando ser una madre más paciente, una esposa más cálida en mis reacciones y en la mayoría de los días, tengo más tachas que palomitas.

 

¿Culpa? Claro! Pero para cambiar la culpa, primero hay que aceptarse, y sí, mi temperamento poco controlado lo platique muchas veces con mi esposo y el hablarlo me ayudaba mucho, pero no me era suficiente ¿Qué necesitaba? sanar. ¿y para sanar? Tomar el control de mis actos.

 

 

Tiene muchísimo que ver porque cree esta página para escribir, aquí libero todo lo que siento, bueno o malo, el compartirlo me da la humildad de mis tropiezos, la compasión de no juzgarme y al comprometerme con hacerlo público me da la tarea de sanar  para que no se me olvide todos los días ser una mejor persona. Y moriré en el intento por que fallo y mucho, pero lo que sí puedo decir con orgullo es que “lo estoy intentando”.

 

 

Antes de intentar cambiar me era muy cómodo justificarme que nací con un temperamento explosivo y si es cierto, desde niña fui así, pero también es cierto que la vida le va subiendo al carrito amarguras, complejos, inseguridades y nos acomodamos bien bonito en la victimzone para que nos apapachen y nos digan oh pobrecitos de nosotros, “es que a ti te paso esto”, “es que tuviste que pasar por esto”, pero ¿no les ha pasado que un día dicen y dicen lo mismo que cuando lo dicen se dan cuenta la flojera que dan o la poca credibilidad de sus palabras? Yo si lo he sentido, me doy pena y hasta a la persona que se lo estas diciendo le ves la cara de “¿cambiamos de tema?”, porque mientras tu estas acomodado en tu zona que te funciono toda la vida, de repente ya no vas a tener espectadores, porque la gente va avanzando y si no nos ponemos la pilas nos quedamos atrás. Y ok, supongamos “que no te importa el que dirán”, hasta tú mismo te ahogas en tu depresión si la llevas por mucho tiempo, el cuerpo humano no aguanta el estancamiento y ¿Cómo lo expresa? Revelándose con enfermedades, con ciclos, y ahí si vas a tener que hacer algo al respecto si realmente amas la vida.

 

 

A mí no me gusta mi carácter explosivo, habrá gente que no esté satisfecha con su peso o talla, con su imprudencia, que son chismosos, que tienen vicios, hay miles de inconformidades y defectos que podemos tener, pero hay miles de oportunidades para poderlas cambiar ¿Qué hacemos en el día a día para cambiar? Si flaqueaste con ese pastel a mitad del día, no te castigues comiendo más, el día aún no termina y puedes volver a empezar, solo visualiza una mejor versión de ti y asegúrate de que ya eres esa persona. La imprudencia la sanamos con perdón, aprendamos a disculparnos, aprendamos a disculpar, no nos etiquetemos en que somos esa persona que no queremos, los cambios duelen, dicen que crecer duele, como el bebé que aprende a caminar y supera sus caídas y se levanta, nuestra adolescencia que superamos nuestras crisis existenciales ¿Por qué ya de adultos no estamos dispuestos al cambio? No es porque duela, es porque da miedo salirte de tu zona de confort, nos es más cómodo sufrir y lamentarnos que tomar el control de tu vida en tus manos. A tu hijo lo alientas para que de sus primeros pasos, lo alientas para que pedalee sin las llantitas de atrás su bicicleta, la alientas para que supere sus problemas con sus amigas ¿Por qué no te alientas tú para superar tus necesidades? Si no tomamos la decisión, nadie más lo hará por nosotros.

 

Seamos compasivos con nosotros mismos y no nos tratemos con tanta dureza, si fallas no te culpes. Agradece cuando más vulnerable te encuentras, es cuando está por venir el cambio.

 

En la zona de confort, me quedo o me salgo, yo decido.

 

 

Gracias por leer ♥

 

 

 

Hana Corral.