Maternidad: ¿presión o misión?

Se dice que desde antes de nacer nosotros elegimos a nuestros padres y la vida que vivimos en este plano, sea buena o “mala” es una elección nuestra.

 

A mis 17 años entre en el mundo de la maternidad con mi hijo Carlos Alejandro por decisión propia, haciendo a un lado cualquier cuestionamiento propio y prejuicios sociales, dándome cuenta con el tiempo de mi decisión tan apresurada pero con el amor vivo entre mis brazos.

 

17 años después acepto ser madre de nuevo y nace Jorge Eduardo y cerrando el ciclo de los embarazos al año 8 meses después nace mi hijo menor José Leonardo a mis 35 años.

 

Cuando yo he platicado sobre mis hijos, aún mi hijo Alejandro a mi corta edad, los tres fueron hijos deseados y eso me daba la certeza de que yo tenía el control de mis decisiones en mi vida.

 

Hoy lo puedo decir sin culpa y sin temor a juzgarme, de los tres me he sentido arrepentida. Y sé los motivos exactos por los cuales desee en su momento decirle a la vida que me había equivocado que ya no deseaba más ese compromiso para toda una vida.

 

Que jugué contra las etapas del tiempo adelantándome en mi juventud, que tuve a mi segundo hijo porque eso marca el manual de un matrimonio y tuve a mi tercero porque quería concederle un sueño a mi esposo. A todo eso yo siempre dije SI!

 

Pero cuando me vi envuelta en una vida que me cuestionaba si realmente ¿era la que quería?, no era por mi matrimonio, era por mis hijos! Yo no quería ya ser madre, ya no quería desvelos, ya no quería enfermedades, no quería dar pecho, ya no quería alimentar, no quería bañar, no quería ruido, no quería pagar escuelas, no quería llantos, no quería berrinches, no quería una casa tirada, anhelaba un baño sola y una siesta, subir y bajar del carro sin tener que regresar tres o más veces a la casa antes de salir, no quería nada que viniera con el compromiso de ser madre, me declaré arrepentida de la maternidad. Deseaba una libertad que me ahogaba el hecho de que eso jamás en esta vida iba a pasar.

 

Me juzgue hasta morir de lo estúpida que fui en ceder, no en sentir el arrepentimiento, me juzgue por ceder! Volteaba a mí alrededor y veía a todo mundo satisfecho con el hecho de ser madre y yo solo deseaba dejar una nota y decirles: “lo siento, me voy a buscar una mejor vida”.

 

Queriendo justificar mis acciones sólo me consolaba el pensar que fui víctima de una presión social y que ya nada podría hacer.

 

Ahora mi hijo menor tiene 3 años, sigo con ellos, no me he ido jaja, me he preguntado que si el seguir aquí ¿me hace una mujer cobarde o una mujer valiente? Mi respuesta es ninguna de las dos, soy madre. Una madre que antes de ser madre es un ser humano que siente, piensa, se equivoca, lo intenta, se vuelve a equivocar, acierta, se cuestiona, se arrepiente, se juzga y que aprende.

 

Cómo toda sagitariana de alma rebelde y libre, la maternidad me ahogaba arrebasándome el cabello hasta que un día paré y me pregunté ¿Dónde está ese lugar que te haría más feliz si no estuvieras aquí? y no tuve respuesta, entendí que yo ya tengo un lugar donde soy feliz. Haciendo a un lado el terror que me provoca la maternidad, fue comprender que lo que me pasa es eso, miedo. Me es imposible no amar a mis hijos, me es imposible no cobijarlos en sus necesidades, pero dejé de juzgarme cuando me era imposible no sentir miedo y que esa “nueva tarea” no era para mí al enfrentarlo.

 

Y no haré una lista de todas las cualidades porque una madre se enamora de sus hijos, son sangre de nuestra sangre, imposible no amarlos, pero como me encanta el rasca y huele de las cosas, mi pregunta es ¿Por qué?¿ Porque una no es entrega total desde el principio?

 

Dicen también que los hijos vienen a enseñarnos a nosotros en lugar de nosotros a ellos, entonces haciendo referencia de la teoría que menciono al principio, se entiende que ya estaba escrito que yo sería madre de tres hermosos hombres y que ellos en su tiempo me eligieron de madre.

 

Ahora veo con claridad que sólo he sido una madre desesperada que se declaró imperfecta desde el principio, que es natural arrepentirse, que es natural un momento desearlo y el otro no. Pero que cada SI que acepté, por cada uno de ellos, es porque así estaba escrito.

 

Hoy en día veo que ya muchas mujeres eligen no ser madres, también veo a otras que es lo que más desean en la vida. Todo parte de ver con amor cualquier decisión, nosotras elegimos.

 

Me perdono por cuestionar mis decisiones y me perdono por juzgarme. Amo a mis hijos porque aprendí a amarme a mí, hoy los veo con amor y declaro que ahora ya entendí que ellos son mi misión.

 

 

 

 

Gracias por leer ♥

 

 

Hana Corral.